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jueves, 21 de enero de 2010

Síntomas inequivocos de que acabó la navidad..


Después de tantos días de frío y de lluvia observo al levantarme (tampoco sin madrugar mucho, que no hace falta pues estoy de "vacaciones obligadas por el estado") que hace un solazo radiante. Un día de esos tan buenos que al levantarte y verlo no tienes más remedio que darle las gracias por haberlo podido disfrutar.
Desayuno mucho más rapidamente de lo habitual. Hago mis "cositas" en el baño para acicalarme y poder salir a la calle a disfrutar de la mañana. Al salir vuelvo a sonreir al sol, a la mañana, a los pájaro que cantan y .... ¡Vaya! ¡Maldición! En la misma entrada del portal de mi casa he pisado "unas excedencias caninas". Joder. Pero, no lo van a conseguir. Hoy he decidido estar de buen humor y no me lo van a impedir. Después de dejar los restos de comida del can en el cesped más cercano sigo caminando, y caminando. Me encuentro con un vecino que viene de frente. Vaya, le saludo amablemente con una de mis mejores sonrisas profiden y él... el muy cabrón me ha ignorado totalmente. Vaya, como si no existiera.. ¿Habré transmutado a algún cuerpo inmaterial? Me pregunto vehementemente cuando se repite la situación seis o siete veces con otros tantos vecinos/vecinas..
Buf... Quiero seguir de buen humor pero cada vez es más dificil. Me acerco al Kiosco de la esquina. La kiosquera me recibe con una sonrisa de oreja o oreja... ¡¡ Toma he conseguido que alguien me salude amablemente!! Qué bien. Pero pronto me llegan mis dudas. ¿Lo habrá hecho porqué le caigo bien, por educación o porque sabe que le voy a comprar el periódico?
Bueno. No me importa. Me ha halagado igual. Compro el periódico y lo ojeo distraido. No me doy cuenta de que cruzo una minúscula carretera que me separa de mi santuario favorito... Un señor que va demasiado deprisa para ir por ciudad casi me manda de interno al hospital además me dice unos cuantos improperios subidos de tono e inmerecidos.. ¿Él nunca se despista?
Me da un bajón importante. Además de que casi salgo volando por no estar atento el periódico no trae más que noticias desagradables: la masacre de Haiti, los políticos y organizaciones aprovechando la coyuntura para desatar su furia miserable insultando al rival para ganarse un voto paupérrimo más, más muertes, más violencia de género, en fútbol ganan los mismos.. vaya, vaya. No se para que lo he comprado. No es más que un catálogo de desdichas.
Por fín entró en mi templo favorito (y no es precisamente dedicado a ninguna divinidad sino al Santo Ocio, a la Bendita Cerveza y a San Vinillo...) No está mi amigo de camarero. Hace tiempo que nos dejó... No, no os pongais a llorar. No se fue al otro barrio. Perdón, me habré expresado mal. Sólamente ha dejado de ser camarero. En su lugar hay un chaval demasiado pipiolo para practicar el sacerdocio de la bebida. No me termina de convencer asi que me la tomo rapido y me voy ante tres o cuatro parroquianos que no es que no me respondan al saludo es que vuelvo a ser incorporeo ante sus ojos. No se si arriesgarme a probarlo en un banco, quizás...
Ya no tengo ganas de nada más asique decido ir a comprar el pan. No hay nadie en la panadería, aún así al buen panadero le apetece hacerme esperar un buen rato. Cuando finalmente hace como que se percata de mi presencia me dice con un gutural y desagradable buenos días ,que qué quiero... ¿Que qué quiero?
Nada. Nada en particular. Tan sólo que la gente fuera más amable todo el año y no sólo en Navidad. ¿Será mucho pedir? ¿Estaré siendo demasiado incrédulo? Mucho me temo que sí.

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