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viernes, 26 de febrero de 2010

Eran otros tiempos...



El despertador sonó con virulencia en la quietud de la casa. Finalmente una cansina y agotada mano lo paró y lo giró para ver la hora.
- ¡¡ Joder ya me he vuelto a dormir !! - dijo Jose mientras se levantaba a toda velocidad. Lo primero siempre ir al baño según te levantabas.
José se miraba al espejo. La vida le había tratado bastante mal. Tenía cincuenta y siete años pero aparentaba por lo menos setenta años. Quizás había trabajado demasiado, el estress en el trabajo es lo que tenía. Después de las necesidades se lavó, se vistió y preparó el desayunó. Miró la hora y se dió cuenta de que tenía que levantar al niño para que se fuera con él al trabajo. Era su primer día. Él estaba especialmente ilusionado ya que su hijo se había incorporado un poco tarde al mercado laboral. Cuando él se incorporaba al trabajo casí ya había tenido un hijo, se había casado y se había comprado su segunda casa; pero parece ser que ahora era otra generación distinta. No pensaba reprochárselo, no tenía ganas. Desde que su amada Arantxa le había dejado siempre estaba discutiendo con el vago de su hijo, a ver lo que aguantaba en el trabajo..
Se acercó a la habitación del hijo, golpeó con educación antes de entrar pero nadie contestaba. Oyó el despertador desde dentro, llamó a su hijo pero éste no contestaba. Finalmente entró con cuidado en la habitación. Desde la penumbra miró la impresionante bandera de la Esvástica que dominaba la habitación desde encima de su cama, alrededor había diversas fotos, posters,etc.. que explicaba bien claro que su hijo se dedicaba en cuerpo y alma a la causa nacional-socialista. El quería a su hijo pero estaba harto de que saliera a hacer cacerías. El siempre había luchado por la paz mundial y por la igualdad de clases, pero claro eran otros tiempos porqué cuando él era joven no había tantos inmigrantes quitándole el trabajo a los españoles..
Eso era lo que siempre le decía su hijo cuando le reprochaba algo. Al principio le intentó hacer ver que ese no era el camino pero ya no aguantaba más discusiones, más peleas, más gritos... Ahora por lo menos empezaría a trabajar, a lo mejor ahorraba, se buscaba una novia fija y se iba de casa. Él pensaba que a los 40 años que tenía su hijo ya iba siendo hora de que se fuera de casa, él se fue cuando cumplió los diecisiete pero claro eran otros tiempos. Su hijo le decía que antes era más fácil comprarse una casa, tener hijos, tener trabajos. Si. Desde luego que eran otros tiempos. Su padre le hubiera echado a patadas si con esa edad hubiera estado en su casa. Pero claro eran otros tiempos.
Vió como su imponente hijo se levanta y se dirigía al baño para la primera orina diaria. De la habitación salió un tufo impresionante a cerrado y a humedad pero claro, él no podía entrar a limpiar la habitación. Era "su habitación" y era sagrada, nadie podía entrar en la habitación ni siquiera para limpiar.
Terminó su desayuno y le preguntó a su hijo si quería desayunar, él le dijo que claro, que "un desayuno español" de café y bollos... José se abstuvo de contestar, ¿para qué? Cada cosa que decía su hijo era una tontería. Pero no merecía la pena, él no entendía nada como le contestaba su hijo.
Cuando bajaron a la calle para irse a trabajar, echó una última mirada a su casa antes de cerrar la puerta. Le daba suerte y le recordaba los tiempos en los que los tres bebían los felices. Con su amada Arantxa, antes de que le abandonara por aquel chico negro. Aun recordaba cuando Arantxa le decía, "pobrecito vamos a darle un lugar dónde dormir", aún añoraba aquellos días en los que se quedaban viendo la tele hasta las mil mientras su hijo, aún pequeño estaba en la habitación de al lado jugando a la consola.. Recordaba cuando soñaban jubilarse juntos y recorrerse Europa, pero claro eran otros tiempos. Ahora ni siquiera había jubilación pública, ya quitaron eso de jubilarse a los 65. Mientras bajaba por el ascensor con su nacional-socialista hijo, recordaba el lío que se montó cuando ampliaron la jubilación a los 67 años y los años de cotización. Recuerda como fueron cuatro a las manifestaciónes, recordaba como si fuera ayer como sólo protestaban seis. "Es que el sistema de pensiones se resquebrajaba" les decían. Y la gente les creyó. Sólo fue el primer paso, luego lo ampliaron hasta los 70 años y 45 años de cotización. Esa vez si que protestaron muy pocos, la represión fue brutal : carcel, multas, etc... Y encima Arantxa le abandonó por radical, "A tus años no deberías ir a manifestaciones. Si el gobierno lo hace por algo será..." le retumbaba aún en su cabeza como si fuera ayer.
Cuando subieron al coche para ir a trabajar, volvió a mirar desde abajo la casa de sus sueños. "Cuando nos jubilemos recorreremos Europa", le decía su amada Arantxa todas las noches antes de acostarse. Pero sus sueños se rompieron ese día que encontró la nota cuando volvió de currar aquel día tan tarde. Bueno, ultimamente volvía todos los días tarde de trabajar. Desde que el gobierno quitó las pensiones públicas porque "el sistema no lo aguantaba" y nadie se echó a la calle para protestar, tenía que hacer siempre maratonianas jornadas para poder pagar un sistemas de pensiones privadas para cuando se jubilara a los 70 años ( si es que no lo aumentaban más, claro...) y para pagarse la Seguridad Social de él y de su hijo.
Su hijo le decía no se qué de la causa nacional-socialista y de que el sábado se iba a Zaragoza a luchar por no se qué. En el fondo ya le daba igual lo que hiciera su hijo. También le daba igual todo. Qué pena como se va todo al garete y como se acaban lo sueños, al menos vivió feliz una época de su vida... pero claro eran otros tiempos...

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