¿Quieres comprar los libros de Luis Celaá?

Libros de Luis
Pon tu la dedicatoria

Registro en Safe Creative

Safe Creative #1501290156808 329cbb4b-18b8-3553-86d7-4d84d252b798

Traductor / Translate

lunes, 23 de agosto de 2010

Capitulo 2. Del Relato envíado por Juanillo García Gómez



   Y como se que estáis todos ansiosos por leer el segundo capítulo de nuestro amigo Juanillo García Gómez (el escritor de éste relato), pues os lo publico a continuación. Espero que os guste porque la historia de el señor protagonista va mejorando (y bastante..jejeje) Disfrutarla y gracias Juan por ésta colaboración.
    
CAPÍTULO 2:                          
        Fatik pasó por mi cabeza durante un par de días, y me olvidé de su careto en cuanto pude. Almudena pues estaba ahí, sabía que cuando se cansase del turco vendría para que le diera su medicina personal y no estamos hablando de tilas y manzanillas.
Accedí a apuntarme a clases de escritura y talleres de ese ámbito. Teatro también hice, de adolescente. En el taler de relatos, conocí a una de esas chicas apuntadas por sus padres, para que por lo menos aprovechase ese don que tenemos todos y que sólo ven nuestros padres, porque como nosotros no hacemos funcionar la cabeza, pues no lo sabemos.
Elena vacilaba de que con sus 25 años, había conocido mil historias que le habían pasado, pero como Antonio su compañero de mesa dijo: Que mas da lo que hayas hecho, si luego no lo sabes plasmar. Para que queríamos más, discusión y separación, y encima me cae a mi la "Historias" como la llamaba yo.
A mi que la "Historias" me viniera con cuentos, me daba un poco igual, yo le contaba las mías, y parecía que algo le interesaban. Una tarde después del taller, me pidió el teléfono. Claramente se lo di, después de Almudena, mi actividad sexual había dejado un vacío, y necesitaba rellenarlo. Nos tomamos algo en una tetería en el centro, y me contó historias que había escrito sobre su jodida soledad. En verdad descubrí que la soledad era la sombra que siempre le acompañaba. Dejó de ser la "Historias" y pasó a ser Lena. Cigarrillos y café en el "Popular", guitarra y futuras canciones en el Retiro. Lena ya no era la misma que conocí, abrió su alma y me contó todo lo que le había sucedido. Habíamos pasado de una enemistad, a una amistad, una compresión, una amiga, la escuchaba y no pasaba el tiempo. Estaba confuso. El fantasma del amor pasaba por mi lado. Quedamos de nuevo esta vez a la salida del taller, su mano tocó mi cara, y con indecisión, toqué la suya, y le besé la mejilla, ella comenzó a reir, y esta vez su dedo índice, cerró mis labios...
...Me fui, me largué, salí corriendo vamos, ella me lamó al movil dos o tres veces no lo cogí. Tuve una sensación de miedo, y me largué sin decir nada. Lena pasó unos días llamándome, y yo pasando de ella. Hasta que la cogí el teléfono, quedamos en un bar de Carabanchel bajo, después fuimos a Vallekas, y entre las guitarras metaleras, nos acabamos liando. Ese fue el final de una amistad y el principio de una complicidad

Lena, fumaba hachís por las noches para relajarse, tenía un don especial con la escritura, me había hecho varios poemas, y así me hizo olvidarme de Almudena y de su queridísimo turco. Lena hacía unos tes perfectos, mezclaba varios y lluego los servía con miel y varias especias que había traído su madre de la India.  Lena tenía un estilo diferente al resto a la hora de escribir al que yo usaba. Las estanterías llenas de libros, fueron la perdición de la pequeña de los Castro, una familia chilena que había acabado en Madrid, tras un exilio obligado en España en 1973. El padre Jorge Fernando Castro, era un escritor chileno, un viejo conocido de Jara. Tras la muerte de éste, Jorge le puso al primer varón el nombre de Victor.

Conocí la casa de Lena, después de conocer a sus padres en un recital que ella daba en un club en el centro de Madrid. Allí con una boina y barba, un cigarrillo, estaba el padre, la madre lucía un vestido veraniego, y estaban sentados en una fila delante mia. Nos conocimos allí y los chilenos me abrieron las puertas de su casa de campo en Cercedilla para el fin de semana. Acepté la invitación con mucho gusto, y hablamos de Neruda, de Miguel Hernández, de Machado. La charla fue encantadora, y me llevé del padre una buena impresión. Cada vez que iba a su casa en Atocha, él me robaba diez minutos de las pocas horas que pasaba con Lena.

No hay comentarios: