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lunes, 20 de septiembre de 2010

La cumbre de Nueva York

      




Este año hay 98 millones de personas menos que pasan hambre en el planeta. Un 10% menos que el año pasado.
Un buen dato, sin duda. El único pero es que todavía quedan 925 millones de hambrientos. Una de cada seis personas en el mundo pasa hambre.
Estos días se celebra en Nueva York la Cumbre para el seguimiento de los Objetivos del Milenio, a la que asisten 150 líderes políticos.
Algunos intentan alzar la voz de los 925 millones que apenas tienen fuerza para hacerlo, reclamando ayuda, porque tienen hambre.
Otros piensan que visto el buen dato de este año, teniendo en cuenta que ni ellos, ni sus familias, ni la mayoría de sus electores pasan hambre y que todavía nos quedan 990 años para acabar el milenio… tampoco es cuestión de agobiarse tanto.
El Plan de Rescate de la banca a nivel mundial ha necesitado varios Billones de dólares. Y los gobiernos no podían hacer otra cosa: El hundimiento de los bancos hubiese supuesto la vuelta a la economía del trueque y de los metales preciosos. La vuelta a la Edad Media. ¡Había que hacer algo!
Y teniendo en cuenta que la Reserva Federal de los EEUU tiene una máquina que imprime dólares y el Banco Central Europeo tiene otra que imprime euros, la solución del problema no era tan complicada.  Bastaba con poner en marcha la imprenta unos días.
Por eso se plantea la pregunta ¿Y la otra crisis? La de los millones de hambrientos. ¿No se puede aplicar también un plan de choque?
Los estudios de las ONG concluyen que sobran alimentos en el mundo. El problema es la mala distribución, en buena medida consecuencia directa de la corrupción.
El problema clave de África es que los políticos de allí roban a manos llenas y sin complejos. Imagina cómo se comportan aquí algunos políticos, ¿qué no harían si controlaran a la prensa, a la justicia y no tuvieran que pasar elecciones por ser regímenes dictatoriales?
Te lo digo yo: En vez de ir en A8, se comprarían un Rolls Royce a la salud de los hambrientos, como hizo Teodoro Nguema Obiang, hijo del dictador de Guinea Ecuatorial que no contento con lo que robaba, tuvo los santos cojones de restregárselo al mundo.
Si desempolvamos el «Informe sobre la riqueza en el mundo 2004» de las sociedades financieras Merrill Lynch y Cap Gemini, en 2003, había más de 100.000 millonarios africanos cuyos activos financieros se estimaba en 600.000 millones de dólares.  Es el triple de la deuda pública externa de África.
Algunos economistas apuntaban como solución al problema de África un “impuesto especial” a estas fortunas, cuando la solución real sería Expropiación + Pena de muerte por lapidación para los corruptos.
Pero ¿quién le pone el cascabel al gato?

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