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miércoles, 9 de marzo de 2011

"Cuando la estupidez supina se confunde con la cultura..." por Luis Celaá Morales



    Lo que os voy a contar es una anécdota que me sucedió anoche en mi trabajo (ahora tengo la "suerte" de haber sido contratado, nuevamente, por la ex-empresa estatal Correos y futura empresa privada para trabajar de noche en un almacén en la República de Vallekas)
    La verdad es que lo del lugar os lo cuento como anécdota porqué da igual el sitio, el lugar o la situación.       A todos nos ha pasado el que alguien muy "instruido y culto" nos ha tratado de imponer su "supuesta cultura" basándose en nuestra "experiencia o ignorancia". Pues bien, a mi me pasó anoche. Al final, al ser el lugar del trabajo tuve que desistir de discutir con él porque la cosa iba a peor y pudiera haber acabado mal. Como estábamos en el trabajo no consideré oportuno seguir discutiendo con semejante pazguato.
    Todo empezó por la portada de un "supuestamente prestigioso periódico de derechas" en el que viene la enfermedad del político Rubalcaba en primera plana, como si se rieran de él, de su enfermedad. Cosa que a mí, salvando mis innumerables diferencias ideológicas con éste individuo, no me pareció bien por lo que lo comenté con una compañera de trabajo afín a mis ideas. Pero, como no, uno del trabajo que no estaba invitado a la fiesta se unió como si le hubiéramos llamado o algo similar. Empezó a decir que a él le parecía bien que "criticaran a Rubalcaba, que si no eramos españoles". Tal fue mi sorpresa al escuchar semejante barrabasada que me quedé totalmente fuera de sitio. No entendí muy bien a que venía el criticar a ese político par ser español. ¿Para ser español tienes que criticar a éste tío cuando se pone enfermo? ¿Es una especie de maldad genética que se muta en los votantes de extrema derecha el disfrutar con el mal ajeno?                  Eran preguntas  que me bombardeaban en mi sufrida cabeza. El supuesto humano que me soltó esa estupidez se rió de su gracia como si fuera el premio Nobel del chiste. Y lo peor no fue eso, sino que otros dos retrasados medio Trasgos que había por allí pululando se unieron a la fiesta del chiste y le rieron la gracias.     El humorista aprovechó mi instantáneo bloqueo mental para volver a atacar. Me soltó barrabasadas de la índole de que "esa gente enferma no tenía que estar en política y que por su culpa estábamos como estábamos". A punto  estuve de soltarle que a su idolatrada Esperanza Aguirre le ha pasado algo parecido hace bien poco, pero no me pareció de recibo ponerme a su bajeza moral. Mucho menos usar una enfermedad tan dura como ha sufrido ésta mujer para usarla como arma política (por muy facha o absurda que sea ésta mujer).
Finalmente, le contesté con buenas palabras que no me parecía bien reírse de esas cosas, que no hay que desear el mal ajeno a nadie pero el individuo me contesta que "yo que sabre que carezco de cultura".      ¡¡¡Hasta luego, Lucas!!!. Semejante reflexión filosófica no la había visto nunca. Catalogar los estudios de alguien en un trabajo viéndome unos segundos y por decir que no me parece bien reírme de las desgracias ajenas. Le volví a contestar que sí él es tan culto, que hacía descargando camiones en una empresa que se va a tomar por culo como Correos. Que porqué no ha evolucionado más en la vida y no posee varios "holdings" o no estaba trabajando en otro sitio más acorde con su sorprendente nivel intelectual...
Ahí el que se bloqueó durante un momento fue él. Se le borró la risa de su fea cara y no sabía que contestarme. Los dos semi-humanos que le habían reído la gracia desaparecieron de allí mimetizándose con el paisaje. Se quedó sólo sin respuesta con media nave mirándole. Momento que aproveché para soltarle una charla política de tres pares sobre la clase política en España, sobre el engaño que hacen al obrer@ y su "calaña moral". Como imagínaba (en parte, lo hice para eso) el tío me dejó con la palabra en la boca, rumiando palabras inninteligibles que mi "limitada cultura" no supo entender. No me importó. Al revés respiré muy tranquilo y disfrute de una tranquila jornada laboral el resto de la noche, pues el interfecto se fue "misteriosamente" al otro lado de la nave. ¡Bien! ¡Batalla ganada, tranquilidad derrochada!

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