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lunes, 26 de septiembre de 2011

"Un día como otro cualquiera" por Luis Celaá Morales (Basado en hechos reales)





 Eran dos hermanos gemelos. Vivían en un suburbio de la zona sur de una gran ciudad. Los dos eran físicamente muy parecidos pero por dentro eran bastante diferentes. Uno, que respondía al nombre de Festi le gustaba siempre estar de marcha, salir de bares, ir a conciertos, etc... El otro gemelo se llamaba Escri. Tenía una forma diferente de ser de su hermano. Él disfrutaba con cosas más sencillas: leyendo, aprendiendo del mundo que le rodea, culturizándose, escribiendo sencillas historias por el placer de escribirlas...
 Los dos solían estar siempre juntos menos cuando Festi se iba a algún concierto o salía de marcha. Cuando eran más jóvenes le acompañaba casi siempre Escri, pero con el paso de los años se fue cansando de tanta hipocresía etílica y decidió centrase en lo que más le gustaba: leer y escribir. De vez en cuando salía de marcha e iba a conciertos pero intentaba estar escribiendo el mayor tiempo posible que su trabajo o sus ocupaciones le permitían.
  Los dos eran seguidores de un humilde equipo de fútbol de esa barriada de aquella gran ciudad. Con el tiempo el equipo regresó a la máxima categoría del fútbol del país. A los dos les gustaba ir al campo a animar y a darlo todo por sus colores pero cuando acababa el partido cada uno iba por su lado. Uno continuaba la fiesta y el otro se iba a casa a estar tranquilito con sus libros y sus historias inventadas.
  Festi no paraba de repetirle a su hermano, Escri que le acompañara a tal o cual bar pero no conseguía convencerlo casi nunca. Hubo un día en el que Festi estaba de bajón. No estaba tan bien como siempre. Era raro verle a él, siempre animado, un poco deprimido.
  Así que Escri le convenció para salir por ahí los dos.
  Al principio no funcionó. Festi estaba como ido, no se encontraba bien pese a que Escri lo daba todo por pasárselo bien. Cuando habían pagado para irse del bar para volver a casa (los dos vivían juntos desde la infancia) vino un grupo de amigos de los dos y les pidieron que se quedaran un rato más. "Tomar la última con nosotros". Pese a que Escri estaba deseando volver a casa para terminar una historia sobre un mundo fantástico que estaba escribiendo decidió quedarse por ver si su hermano se animaba un poco.
  Él no lo sabía pero estaba cometiendo un gran error. Lo único bueno es que ese día estaba su hermano, Festi, delante para que lo pudiera ver con sus propios ojos. Primero comenzaron los saludos, las bromas y luego (como casi siempre...) a preguntar a Escri sobre "sus libros y sus cosas". Escri se ponía contento cuando le preguntaban por eso. Aunque fuera por compromiso o de verdad estuvieran interesados a él le gustaba hablar de más cosas que de fútbol y mujeres. Pero el pobre no sabía que normalmente esas preguntas encierran algo de maldad y de envidia. Es como si a algunas personas les molestara que un colega, amigo o ser querido le gustara hacer algo y no se le diera mal o incluso que triunfara en ese campo.
  Con cada respuesta de Escri llegaba una horda de pregunta malintencionadas: "Pues no he visto tuyo nada en las librerías", "¿Dónde puedo comprar el libro? No pensaba leerlo pero lo haré para buscarte fallos..." "Creo que tienes muchos fallos de acentuación (aunque la verdad que no he leído muchas cosas tuyas...)"  "Me han dicho que tu libro es una mierda, tiene muchos fallos y eso... ¿Qué si lo he leído? Yo no leo esas cosas, chaval"... Y así durante el tiempo que les apetecía humillar a su amigo.
   Escri intentaba contestar con buen talante todas las que podía pero sus amigos estaban deseando que tuviera un fallo para ponerle a parir. Sí era dialéctico pues le decían "¡Joder como habla el escritor! ¿Y tu escribes?" y si por cualquier motivo su nivel de ira se incrementaba y contestaba mal pues: "¡Vaya modales que tiene el señorito! ¿Pues no se le ha subido a la cabeza?"
   Festi vio enojado como se metían con su hermano así que decidió salir en su defensa y salir de ese bar para volver a casa. "¿No entendéis nada, verdad? El lo hace porque le gusta. Por expresar sus ideas y por contarle las cosas a las demás. Tan solo quiere que abráis la mente un poco. Qué respetéis y que intentéis entender. Pero veo que es difícil... " Al principio los amigos se quedaron asombrados de la reacción de Festi pero al rato le pusieron a parir por defender a su hermanito...
  Finalmente los dos con vagos saludos se despidieron y se fueron para casa. Una vez en casa, Festi le pidió perdón a su hermano por la pedante actitud de sus amigos, pero Escri le respondió:
" ¿Perdón? ¿Porqué si tu no has hecho nada? Es más intentaste hacerles ver. Pero no te preocupes hoy es con éstos mañana será con aquellos. No hay mayor ciego que el que no quiere ver ni mayor sordo que aquel que no quiera oír. Te duelen las criticas dañinas, claro que duelen. Máxime cuando vienen desde la envidia, el rencor o el odio pero llega un momento que te resbala. Un amigo que también escribe, Luis, me contó que el estuvo a punto de dejar de escribir aunque esa era su máxima pasión. Lo que más le gustaba de la vida pero las críticas, los insultos y la envidia de los demás hicieron que retornara a su máxima pasión: contar cosas a los demás. Gracias a esos insultos consiguió editar cuatro libros. Quizás no sean buenos, quizás sean los peores del mundo y tendrán miles de fallos pero son obras suyas. Ideas que él fabricó en su turbulenta mente y las intentó plasmar en el papel. No es fácil pero ellos nunca lo entenderán.  ¿No lo ves hermano? Da igual lo que les digas o hagas. El "guay" eres tu porque sales de fiesta, vas a conciertos, no te pierdes una borrachera. Ha sido así, lo es y lo será siempre. De todas formas gracias por ayudarme, hermano"
 Festi no dijo nada. No sabía que responder. Pensó que cuando no se sabe de algo lo mejor era no hablar. Así que asintió con la cabeza. Se fue a la cocina a comer algo y decidió acostarse pronto. A partir de mañana intentaría pasar más tiempo con su hermano, que el estar de fiesta estaba bien pero su hermano era su hermano...

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