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martes, 15 de mayo de 2012

De la Decepción a la Euforia






Lo que viví el domingo junto a miles de rayistas de corazón es algo muy difícil de narrar para los que no estuvieron allí. Llevo muchos años animando en el fútbol a mis dos equipos, los cuales dividen mis alegrías y mis penas. Me he emocionado con el Lega y con el Rayo y he llorado por descensos y decepciones, pero lo del domingo fue distinto. Había mucho más que un descenso en juego. Estaba la posible supervivencia de nuestra sagrada franja en juego. Todos los sabíamos por eso a todos nos iba la vida en ello.
El domingo tuve una de las jornadas futboleras más gloriosas que he tenido en mi vida (y han sido unas cuantas, creerme). Fue maravillosa y alucinante (gracias por los muchísimos mensajes de apoyo que he recibido, se agradecen de verdad) pero también pudo ser decepcionante y dolorosa. Si. Dolorosa. La gente que no entiende lo que es una pasión o amar a un equipo con todas tus fuerzas no lo entiende. Hubo una época en la que intentaba explicárselo pero ya no lo hago, si no lo entienden no voy a ser capaz de explicárselo. Así de sencillo.
Seguro que muchos de los que amais al Rayo habéis oido infinidad de veces coletillas como, "si buscaras curro con la fuerza con la que sigues al rayito te hubiera ido mejor en la vida" o "Si hubieras estudiado con esas ganas ahora tendrías un mejor trabajo", o quizás las más socarronas como la de "Si amaras a una chica como amas a tu equipo sería el amor perfecto". Esta me encanta que me la digan porque no lo podría definir mejor. Pues sí señor, intentas criticarme pero es que en mi vida he tenido muchos amores y, posiblemente, siga amando o ame otras veces pero desde luego no se puede (ni se debe comparar) al sentimiento de amor infinito que siento por la Raya Roja. Así, con mayúsculas.
Lo que vivimos el domingo los amantes del Rayo Vallecano fue algo mágico. Desgraciadamente, me perdí la previa con mis compañeros vallecanos pues acudí desde bien temprano a una barrilada en un bar pepinero pues mi otro amor, el Lega, se jugaba un inimaginable descenso (sí, también la supervivencia del Lega como institución estaba en juego) asi que nos bebimos nuestros miedos y emociones y disfrutamos de una goleada oportuna y maravillosa. En el Lega no sufrí nada porque no era la situación como la del rayo, teníamos muchísimas posibilidades de salvarnos y era muy difícil el descenso. Además a los 25 minutos ya gánabamos 3 a 0 asi que a disfrutar la primera parte del día. En el minuto 75 abandoné Butarque para irme con un colega en coche a Vallekas a sufrir como jamás imaginé que se sufriera en el fútbol. Dejé al Leganés con un 4 a 1 en el marcador y hasta el final de la noche no me enteré de que había quedado el partido 5 a 2. No me preocupó porque sabía que el Lega se había salvado, lo demás era lo de menos.
Llegué al mítico fondo de nuestro estadio a las 20.52. Alucinado me quedé cuando vi que no había NADIE en los tornos del estadio. Creo que en los siete años que llevo pasando por ese torno es la segunda vez que entrando ocho minutos antes del inicio del partido no había ni cola ni nadie para entrar. (La otra vez fue un impresionante Rayo Vallecano- Playas Pájaras a las 12 de la mañana en un día ardoroso de verano con menos de cinco mil fieles devotos en las calurosas gradas...) Me alucinó ver que la gente se lo estaba tomando como debía ser, una cuestión de vida o muerte. Menos de diez minutos antes del partido ya estaba la gente en sus sitios animando y preparando los tifos de turno. (Así debía de ser siempre pero ya sabemos todos como nos gusta apurar la cerveza antes de entrar en los partidos... XD)
He visto el fondo lleno infinidad de veces pero lo del domingo fue increíble. Me costó lo suyo bajar a donde siempre me pongo y finalmente me fue imposible ponerme allí asi que me puse más para abajo de lo que hubiera deseado pero es que estaba tan lleno el fondo que era imposible encontrar un sitio mejor. La tensión y los nervios se respiraban en el ambiente. Las habituales bromas de siempre daban paso a comentarios llenos de incertidumbre y temor. Todos sabíamos lo mucho que nos jugábamos, lo injusto de la situación y que no solo era un descenso lo que nos jugábamos a 90 minutos. Era la existencia de ese pequeño trozo de nuestro corazón que da un vuelco cada vez que nuestro rayito pierde un partido. Ese trozo de alma que se resquebrajaría para siempre y sin remisión si nuestro Rayo nos dejara algún día. Sería como ese ser amado que nos abandona prematuramente. Aquel que el el tiempo no olvida por muchos años que pasen. Eso era lo que la gente se temía. Si hubiera tenido un cuchillo se hubiera roto al intentar cortar la tensión que había en nuestro bullicioso fondo.
Los minutos pasaban, nuestro Rayo no terminaba de encontrarse agusto en el terreno de juego y tampoco llegaban las ocasiones con claridad. Los afortunados a los que sus teléfonos no se colgaban con internet nos iban diciendo los marcadores de los otros estadios. Todos iban empate a cero. Nada bueno, porque todos sabíamos que el Zaragoza iba a ganar al Getafe con claridad. Por las buenas o por las malas (De hecho, y lo hemos hablado varias veces entre nosotros. Todos sabíamos desde mediados de liga que al Zaragoza no lo iban a dejar bajar. Ya les pasó una vez y casi se queda sin cobrar media España. Estaba claro que no le iban a dejar bajar una segunda vez. Demasiada gente influyente es del Zaragoza como para dejarles bajar. Al igual que Lotina no tengo pruebas para representarlo pero el rio es demasiado caudaloso como para ignorarlo...)
En el descanso el continuo vaiven de gente al baño y al bar no fue tan fluido como otras veces. Casi nadie se movió de su localidad. Todos estábamos cabizbajos. Seis derrotas consecutivas (cuanto menos extrañas en la forma...) no habían hecho mella en la incansable afición pero la situación actual sí estaba causando estragos. Jamás vi la grada de Vallekas de esa forma. Todos seguían animando pero sin mucho convencimiento. Quedaban 45 minutos y estábamos casi hundidos. Con la reanudación del encuentro las pésimas noticias desde Getafe nos desgarraban el corazón. Al Zaragoza como no conseguía ganar al aguerrido Getafe (por una vez en la vida y sin que sirva de precedente reconozco que se dejaron el alma en ganar a los premiados aragoneses) pues le pitaron un penalty para que metiera su golito y encarrilara el partido, amén de expulsar a un jugador por... ¡¡Protestar!!. Lo flipo. Pepe rompe un par de piernas por partido y no pasa nada pero a un jugador del Getafe que protesta un penalty le expulsas. ¡¡Bravo por los árbitros!!. Gol del Zaragoza. La noticia vuela dando un vuelco a los corazones rayistas. El Rayo no mejora. Alguna jugada aislada pero poco más. El Granada está cómodo con el empate pues le salva, momentaneamente, del descenso. Seguimos animando. Según pasan los minutos decae la animación y se sucede la rabia, la desesperación. Empiezan a aflorar las primeras lágrimas con los siguientes expulsados del Getafe. Sabemos que un Getafe con ocho no va a remontar a un Zaragoza que juega en casa y que se juega la vida (Enhorabuena Getafenses, habeis conseguido llenar el estadio aunque sea con 14.000 seguidores visitantes. Es un principio) Pero lo que pasó con el segundo gol del Zaragoza no me lo hubiera esperado nunca. La gente ya lloraba a pierna suelta. Incansables animadores se hundían en el pozo de la desesperación. Quedaban pocos minutos para el final del partido pero no se veía que pudiéramos meter un gol. El partido se acababa y se nos iba de las manos. Entonces llegó la salvación. El mítico Tamudo se aprovecha de un rechace y mete gol. Pasamos de la decepción a la Euforia. Se celebró el gol con ganas porque la vida nos iba en ello. Después de gritar gol lloré como un niño pese a los abrazos de mis hermanos de grada. No lo puede evitar. Ese jodido gol no salvó la vida. Si en el Espanyol adoran a Tamudo aquí tendríamos que hacerle un monumento por su oportunismo. Jamás me he alegrado tanto por un gol de mi equipo. Cuando pitó el final el árbitro se produjo un orgasmo de catorce mil personas como nunca ha habido en Vallekas ni ascensos ni nada parecido. Nada es comparable con lo que se vivió el domingo. La invasión posterior. Las felicitaciones. Los abrazos. Las risas nerviosas. La Vida Pirata cantada con más ganas. Jamás me sentí más feliz por el fútbol en mi vida y aunque algún día ganemos algo no creo que sienta jamás tanta euforia. Había mucho más que un descenso en juego y lo salvamos. Regateamos al descenso. Gracias Tamudo. Gracias Rayo. Gracias Afición. El año que viene La Vida Pirata volverá a retumbar en el Bernabeu, Calderón, Nou Camp.... Y allí estaremos para disfrutarlo. Aupa Rayo.

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