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domingo, 30 de diciembre de 2012

Los hombres temen a los mismos Dioses que han inventado (Lucano)




Lucano, el poeta latino que murió a los veintiséis años por orden del emperador Nerón al haber fracaso una conjura contra él, supo morir y enseñarnos a generaciones futuras. Se cortó las venas en una bañera de agua templada recitando sus versos afrontando la muerte sin temblar.

Los Dioses no existen, lo que existe de alguna manera son, en muchas mentes por desgracia, huecos de esos Dioses rellenos de fantasías que acostumbran al cerebro a determinadas pautas de comportamiento.

Si yo acostumbro a mi cerebro a que mi esposa, es un ejemplo, me engaña con otro no siendo esto cierto, previo paso de un proceso de celos, tendré un problema de identidad con la realidad.

Si yo tengo miedo a la muerte, a la incertidumbre de la vida y a la soledad existencial y me invento un Dios o me acojo a otros ya inventados, previo proceso de fantasías, sufriré también un problema de identidad con la realidad.

Si mi celos son infundados y los doy por ciertos, esto a va a influir en mi comportamiento con respecto a mí mismo y a los demás negativamente y probablemente muy negativamente.

Si mi supuesta esposa es amable conmigo y yo, el atrapado por los celos en un paradigma muy probable de ocurrir entre otros posibles comportamientos, pensaré que es una cínica, me alteraré y probablemente la agreda de palabra, creando tensión  y el consecuente malestar, e incluso puedo llegar a la agresión física.

Si me estoy muriendo y he mantenido que hay un no sé quién, espíritu o entelequia de vaya usted a saber, que me dará un bienestar mejor cuando haya estirado la pata y si ronda un cura en mi lecho de moribundo represente de esa cosa supraterrenal, posiblemente, tendrán un problema mis herederos. Se quedarán sin herencia que pasará al bolsillo del cura, yo me quedaré más atontado en la agonía y mis herederos a mi recuerdo los asociaran con pendejo o gilipollas.

Si me meto en la cabeza lo que me dicen los curas de cuándo tengo que follar, con quién y cómo, porque esto es lo que quiere Dios, acabaré posiblemente con neurosis obsesiva. Y no digamos más si me da por mantener la castidad. La neurosis es segura. El negocio de la Iglesia aumentará al no dejar herederos reconocidos y los psiquiatras tendrán más trabajo. ¡Qué se lo pregunten a los numerarios del Opus cómo andan sus neuronas u su problema con el sexo que los mortifica y los hace sufrir en cuerpo alma y espíritu! ¡ Joderos gentuza de mierda! ¡Qué se lo preguntes a muchos curas abusadores de niños! ¡Que se lo pregunten al Vaticano que los encubre!

Sí veo como enemigos míos a los que a los curas les parece bien, me veré metido en guerra tras guerra amparado en el Dios de mi bando que marcan estos seres desnaturalizados llamados curas y a su vez los curas del bando enemigo tendrán también su Dios particular y los sacerdotes de ahí dirán que este Dios quiere que se mate también a los enemigos creados.

El Dios del Vaticano como la mayoría de los demás quieren que odie a las mujeres, a los homosexuales, a los negros, a los niños, a la ciencia, a la familia y a todas las personas en general cuando no se haga lo que se pase por los cojones a los curas o a cualquier hechicero de turno.

mujeres sin miedo

 

Con los curas de por medio tendré miedo a las mujeres, a los niños, a la familia, a la ciencia, a los negros, a los homosexuales y no me faltarán Dioses que aticen tales desatinos. Los Dioses nublaran mi cerebro y tendré miedo de Ellos y de mí mismo. Psicopatía, Neurosis y Ansiedad serán los nuevos Dioses que me impedirán tener un mundo mejor. Estos serán tan creíbles o no como el Dios del Vaticano, por ejemplo. Tienen la misma validez de existencia lo digan los ensotanados, yo mismo, o cualquier iluminado necesitado de siquiatra. Lucano nos lo sigue transmitiendo con su arte de la rima para que nos entre bien en el arte de vivir.


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