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viernes, 28 de diciembre de 2012

Mientras Alfon es torturado en una celda, Carromero podrá comerse las uvas en libertad junto a su familia

El régimen protege a los suyos y los blinda de impunidad. Da igual que estos se dediquen a robar millones de euros, o tengan a sus espaldas la muerte de personas por condución temeraria. A los que se le oponen, en cambio, el trato es bien distinto: ahí tenemos a Alfón.
En Madrid habrá este fin de año dos familias cuyos hijos pasarán la nochevieja de manera muy diferente. Uno de ellos podrá comerse las uvas al calor de su familia, mientras el otro pasará la noche en un celda, aislado y castigado por el estado, y con su familia preguntándose hasta cuando durará su tortura.
De estos dos hijos, uno de ellos no ha sido condenado en firme por delito alguno, el otro, en cambio, ha sido juzgado y condenado a cuatro años de cárcel  por ser el responsable de la muerte de dos personas, al conducir de manera temeraria.
El uno está encarcelado a consecuencia de, según apuntan todos los indicios, un montaje policial y sometido a aislamiento por el capricho de unas autoridades penitenciarias que quieren usarlo como cabeza de turco para dar un escarmiento a todo aquel que ose organizarse, movilizarse y luchar contras las políticas del gobierno. La principal prueba que hay en su contra no tiene sus huellas dactilares y no existe ninguna otra razón para su encarcelamiento, salvo un supuesto “riesgo de fuga” que hasta el más inepto de los jueces podría saber que no es cierto.
El otro, por su parte, fue sentenciado a cuatro años de privación de libertad por el homicidio imprudente de dos personas. El juez, a petición del fiscal, le atribuyó toda la responsabilidad en un accidente de tráfico en el que murieron dos personas por circular a exceso de velocidad (entre 100 y 132 kilómetros por hora, según los peritos) y por no atender entre otras, una señal previa que informaba de que esa parte de la carretera estaba en obras.
Atendiendo a los hechos demostrados y probados, ¿quién de los dos debería ser quien pasase la nochevieja en casa y quién en la prisión?
Esa lógica, claro, no es la que el estado español utiliza para estos casos. El uno, como ya se sabe, es Alfón, joven vallekano cuyo único delito real es formar parte de quienes se movilizan y luchan contra las injusticias y las políticas del gobierno español. El otro es Ángel Carromero, dirigente de las Nuevas Generaciones del PP en Madrid. El uno tiene carnet de militante social. El otro, aunque no tenga carnet de conducir y pese a ello conduzca saltándose las normas de tráfico, sí tiene la suerte de contar con un carnet del PP.
Así que, finalmente, el condenado por homicidio imprudente, según ha confirmado hoy mismo el gobierno español, pasará la nochevieja en casa y en libertad. El encarcelado por un montaje policial, en cambio, seguirá en la cárcel, en un régimen especial de aislamiento y preguntádonse qué hace allí mientras Carromero, todos los corruptos de Bankia, los responsables de desmantelar y entregar a manos privadas los servicios públicos y demás flora y fauna del PP madrileño, se comen las uvas en libertad y brindando con un buen vino por la buena suerte que le da a uno tener en el bolsillo un carnet del PP, ser un banquero que financia las campañas del PP o tantas otras cosas del estilo que en Madrid, como en todo el estado español, son sinónimo de impunidad para hacer lo que a uno le venga en gana: incluso matar por ser un temerario al volante.
Atendiendos a los hechos probados y demostrados, por muchos años ya, no hay más lógica que esa. Por eso Alfón estará en prisión y Carromero, en breve, en libertad.
Y lo llaman democracia…

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