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sábado, 16 de febrero de 2013

" ¿A qué esperan?" por Jorge Gómez



Artículo de opinión - Jorge Gómez


¿Qué tiene que pasar para que el Rayo Vallecano dé una solución inmediata al problema de aglomeración de aficionados en la puerta del fondo que se da jornada tras jornada? ¿A qué demonios esperan los responsables de esta situación para actuar? ¿Quieren un Madrid Arena en Vallecas?
Todos los viernes-sábado-domingo-lunes, la misma historia. El Rayo juega en casa y aquellos que optan por ver a los suyos desde el fondo sufren un problema que por ahora no va más allá de empezar a disfrutar de su equipo con ciertos minutos de retraso. Espectáculo, por cierto, que no es precisamente barato para los bolsillos de quienes intentan entrar a esa zona del campo. Desconozco si el problema es el mismo para los que acceden en busca de mullidos asientos verdes, aunque lo dudo.
La aglomeración alrededor de la puerta 1 del estadio minutos antes del comienzo de cada partido es insufrible. Verse envuelto en la marea franjirroja que ahoga su rabia por no poder entrar a tiempo al estadio con cánticos resulta insoportable y, lo que es peor, peligroso. Apenas 4 tornos con sus respectivos porteros dan paso con cuentagotas a los centenares de rayistas que intentan ocupar su sitio en la grada. Tras pasarlos, los respectivos guardias de seguridad cachean con espero a los aficionados. Un registro tan comprensible como absurdo y que termina siendo un ejercicio de cara a la galería, ya que por esa puerta no cuesta introducir al campo cualquiera de los objetos prohibidos.
Los más precavidos intentan hacerse un hueco antes de que se forme este tapón desesperante y optan por entrar a la grada del fondo media hora antes del partido. Los peor educados avasallan a los más débiles y acortan su espera a base de empujones y caradura. Soy de los que precavidamente opta por llegar con mucha anticipación a la puerta, pero no todos los días cuento con un horario que me lo permita. El del partido ante el Atlético fue uno de esos días. Llegué a la “cola” (aunque dudo de que se pueda definir así tal aglomeración) 20 minutos antes del encuentro. Delante de mí, gente suficiente para asumir que entraría con el partido iniciado. No me equivoqué pero milagrosamente me dio tiempo a ver el gol de Lass, sin ser cacheado ante el caos existente, por cierto.
Lo que me preocupa y me lleva a emplear la malsonancia que encabeza estas líneas es que esta situación puede acabar mal y no hay necesidad de esperar a ello para actuar. Mientras me encontraba rodeado de aficionados calentando sus gargantas a base de cánticos miré hacia abajo y crucé miradas con un chaval de no más de 11 años. Al chico se le notaba agobiado sin entender lo que pasaba. No era para menos. 
A mis espaldas alguno se indignaba y recordaba lo sucedido en el Madrid Arena. Cierto: ninguna escapatoria es posible de esa ratonera en caso de un imprevisto. Imaginen algún motivo que pueda asustar al respetable y provocar una situación de pánico y la consecuente estampida. Pongamos, por ejemplos ya vividos tristemente en Vallecas, como un apagón inesperado o una actuación de la Unidad de Intervención Policial. Cualquier ejemplo basta para imaginar lo que sería un terrible final.
Y a la par que uno deja volar su imaginación empieza a escuchar un cántico clásico en momentos previos al inicio de los partidos. “¡Abrid la puerta 3! ¡Abrid la puerta 3!”. Para aquel que no visite esa zona del campo, aclarar que se trata de la puerta más cercana en el vomitorio de entrada al campo por el fondo, cerrada salvo para los aficionados en silla de ruedas.
¿Acaso es inviable una solución a esta situación? ¿No es posible habilitar otra entrada a estos aficionados, cuya ubicación en el campo no es siquiera el fondo? ¿Acaso me quieren hacer creer que es imposible plantear una solución? ¿Se trata de un problema de solvencia económica que no permite habilitar una nueva infraestructura? ¿Hay que esperar a la próxima temporada? No quiero que respondan. Con que actúen para solucionarlo me basta, que aquellos que hemos estado siempre acompañando a la franja nos merecemos un respeto y unas condiciones dignas para acudir a un espectáculo por el cual, repito, pagamos.

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