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viernes, 31 de enero de 2014

Entrevista con las pandillas salvadoreñas: la pobreza genera violencia



Las pandillas en El Salvador comienzan a surgir después de 1992. En ese año la guerrilla del FMLN y el gobierno oligárquico apoyado por el régimen estadounidense firman el tristemente célebre "Acuerdo de paz". En ese acuerdo, además de poner fin a la guerra, solo se acordaron cuestiones que favorecían a la clase media universitaria dirigente del FMLN. Fundamentalmente la posibilidad de participación política (que les permitió ocupar puestos de diputados y alcaldes) y la disminución de la represión política (la policía dejaba de estar militarizada). Pero lo que no se acordó de ninguna manera fue lo que más le interesaba a la derecha: los temas económicos. Esto permitió, con el aval o el silencio del partido FMLN, que se implantara en El Salvador uno de los más feroces experimentos neoliberales del mundo, que llevo los niveles de pobreza a cifras mayores que antes de la guerra civil. Fue esa enorme desigualdad, esa explotación sin límites, esa práctica desaparición del Estado, lo que llevó a los jóvenes a comenzar a organizarse en maras o pandillas, que mataban para resistir el ataque oligárquico y robaban para sobrevivir.

En la primera entrevista ofrecida por líderes pandilleros desde mayo de 2013 repiten que su convicción de detener la violencia sigue firme pese a que el gobierno los dejó solos. Dicen que si se rompe la tregua las muertes en El Salvador tendrían el mismo efecto que un resorte comprimido que se libera de pronto: saltarían a más de 20 diarias [actualmente son 7 diarias]. Sin embargo, las órdenes "oficiales" no han cambiado: no matar e, incluso, "no matar aunque la gente no pague las extorsiones".
Ante los obstáculos puestos por el FMLN al proceso de tregua, el principal mediador, Raúl Mijango, cambió su forma de trabajo: desde hace un año sus interlocutores directos en las pandillas son voceros de estas en la calle, pandilleros sin orden de captura en los que los líderes presos han delegado autoridad. Algunos de ellos, convertidos en improvisados interventores sociales, trabajan formalmente desde hace meses y a tiempo completo como activistas de la tregua, resolviendo conflictos entre individuos y 'clicas' (destacamentos).
Siempre hay algo de extraño en que un pandillero, un hombre tatuado de 32 años que representa a una organización tan escurridiza, te hable con más sentido común, mejor vocabulario y muchísima más agudeza que quizás la mayoría de políticos del país y, con diferencia, con más claridad de ideas que los principales candidatos a la presidencia de la República. Porque a los salvadoreños se nos ha dicho por dos décadas que los pandilleros son irracionales, poco menos que animales que se agrupan por instinto y matan por destilada maldad. Y porque se ha asentado como una especie de doctrina moral que no hay que escucharles. No se puede comprender la tregua, sus zigzagueos, su posible rumbo y sus obstáculos, sin hablar con ellos.
A continuación extractos de las declaraciones de los líderes pandilleros sobre el estado actual del proceso de paz
Las pandillas que lo iniciamos y las que se han agregado estamos sólidas. Nuestra misión y nuestro compromiso es real, lo mantenemos, es nuestra palabra la que está en juego y por lo tanto lo mantenemos a como dé lugar. Hay errores por parte de nosotros, estamos conscientes. Pero también tenemos una lectura clara del uso político que se le está dando ahorita al proceso. Los partidos políticos deben recordar que son vidas, no son números estéticos. Y por otra parte, las actuales autoridades del Ministerio de Seguridad y Justicia no abonaron en nada.
¿Pero será lo correcto llegarle a decir a un chaval “dejá de extorsionar”? Para mí es lo correcto, pero ¿qué respuesta me va a dar? Como mínimo me va a preguntar si habrá algún trabajo para comer. Le voy a tener que responder: “Perate, que el gobierno se ha tardado dos años; en estos otros dos tal vez”. Me va a decir: “Vos tu madre, ¿y yo mañana qué hago?”. ¡Son vacíos demasiado grandes! No creo yo que en dos años no haya podido haber personas con capacidad de gestión, de qué putas sé yo, para decir “esto es lo que va a haber, esto vamos a empezar”, para que las bases de nuestras pandillas empiecen a percibir que si se portan bien ahí está esta posibilidad o aquella, en vez de ir a parar a la cárcel. Yo lo puedo detener, pero también tengo que construir algo que él, como sujeto, pueda ir cambiando desde su interior.
[Tenemos que] organizar a estos jóvenes en un camino en el cual yo, como líder, le pueda garantizar un futuro real, próspero, en el cual él se pueda desarrollar con las oportunidades que no ha tenido desde su niñez, como recreación, educación, tranquilidad, seguridad... Una infinidad de cosas. ¿Y por qué no puedo organizar yo a estos jóvenes? Si yo hubiera tenido organizados a todos los jóvenes de los municipios aledaños al volcán que acaba de hacer erupción te aseguro que hago que lleguen primero ellos que los comandos de salvamento y todo el aparataje del Estado.
[Hay que darles] algo en lo que puedan explotar su juventud, su inquietud, su impaciencia, su locura de adolescentes. ¡Si es que no hay nada! ¡Andá a las comunidades [barrios pobres] de nosotros, no hay canchas, futbol, nada! ¿Por qué crees que nosotros ahorita territorializamos el proceso? Porque nuestras comunidades, por el simple hecho de vivir nosotros allí son estigmatizadas. Los jóvenes son considerados delincuentes por el simple hecho de vivir allí. Hay personas que no pueden adquirir un préstamo ni sacar un electrodoméstico a plazos porque viven en una determinada comunidad. Aunque sean estudiantes, personas honradas... Han criminalizado el territorio. Y ahora viene el nuevo ministro a decir “ellos [los pandilleros] son los que controlan”. No, viejo, ¡son ellos los que han abandonado esos lugares!

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