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lunes, 3 de febrero de 2014

Remake de Old Boy de Spice Lee... Una gran película



Es evidente que si cineastas como Kim Jee-woon (El último desafío) o Joon-ho Bong (Snowpiecer) están poblando el cine occidental de creatividad surcoreana es en cierto modo por Park Chan-wook y su exitosa "trilogía de la venganza". El responsable de obras de culto como Old Boy Simpathy for Lady Vengeance también alimenta a la industria estadounidense permitiendo que reproduzcan sus películas más celebradas, quizá como parte del visado que le facilite abordar sus propios proyectos americanos como la reciente Stoker.
Esa pasión copista que por lo general se adjudica a los asiáticos sufre en el cine reciente un giro de 180 grados y es ahora un neoyorquino como Spike Lee quien recrea la claustrofóbica historia que diez años antes bordó Chan-wook. No es que la perversidad y el sadismo sean terrenos propios de Oriente, pero el modo en que el surcoreano ha desarrollado en los últimos años la narrativa visual de estas universalidades sí que es (o debería ser) inimitable. Y de hecho así es. Ni Lee ni Hollywood parecen buscar en este remake la profundidad de su referente. 
Al igual que en el original, un hombre de negocios inicia un violento (y estético) viaje movido por la necesidad de encontrar venganza, además de una explicación al cautiverio vivido durante veinte años, en contra de su voluntad y sin motivo aparente. Todo ello contado para que lo entienda un estudiante neoyorquino, un deportista holandés o el trabajador de un rancho de Dallas. La simplificación es tal que da la sensación de que esta historia protagonizada por Josh Brolin es una mera excusa para ofrecer, bajo la coartada de un genuino interés en otras realidades artísticas, una nueva ración de violencia con la que Hollywood pueda mostrar su incuestionable músculo visual. Si la culpa es de los productores o directamente de Spike Lee, de quien se puede decir en su favor que no es precisamente el cineasta más generalista ni más comercial de su industria, no cambia el resultado final ante el que se va a enfrentar el espectador. 
No se puede negar que el relato estadounidense es entretenido, bien desarrollado y bien interpretado. Brolin es perfecto para el papel y Elizabeth Olsen sigue reclamando un mayor estatus interpretativo a base de talento y fotogenia. Y, si esperar una imitación exacta de la primera película, no entra en los planes de muchos espectadores ¿qué derecho tenemos para exigir a un solvente equipo artístico estadounidense aproximar la increíble amalgama de sentimientos y secretos al mismo público al que ya llegó el director surcoreano en su día, aun a costa de dejarse parte del contenido, y parte del envoltorio, en el camino? Próxima parada de este viaje de ida y vuelta: la nueva versión de Simpathy for Lady Vengeance.

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