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domingo, 16 de marzo de 2014

La difícil tarea de ser de izquierdas

  



Ser de izquierdas es tarea harto difícil. Es cierto que las diferencias de clases son notorias, visibles y demostrables, lo es también que las injusticias, el desgarro social, la miseria y el miedo a perder un empleo (por muy precario que sea), es una cotidianidad difícilmente rebatible. Sin embargo, hay una nebulosa, un control social que impide que esas situaciones objetivas se conviertan en conciencia de cambio. Los beneficiarios de la difícil realidad que padecen millones impiden con todas sus armas que la mayoría de la población vincule su situación dramática con la naturaleza de un sistema económico como es el capitalismo. La idea que transmiten -con éxito- es que nada de lo que acontece a una persona de clase trabajadora tiene que ver con la economía y la política, que esos son asuntos de compleja digestión y ajenos a la vida diaria y, que por tanto, lo mejor es no meterse porque siempre va a ser así. Contribuyen a ello organizaciones reformistas que, haciéndose pasar por defensores de los más desvalidos, apuestan por ir parcheando dentro del sistema, con vistas a que la suma de miles de parches provoquen el parto de una sociedad más justa. Los dueños de los medios de producción festejan con champán estas prácticas que han abolido de su diccionario la palabra revolución a cambio de buenas poltronas. De todos modos, si hay algo perfectamente diseñado es el control ideológico a través de la prensa. ¿Cómo ser de izquierdas si no hay prensa de izquierdas? Poner la radio, la televisión, ir a un kiosko a por un diario es un ejercicio que demuestra que la versión de cada una de las noticias es la del enemigo de clase y sus acólitos: ocurran éstas en Libia, Crimea o la esquina del barrio. Es cierto que internet ha ayudado a crear una prensa diferente, pero su difusión no puede, de momento, competir con los grandes manipuladores mediáticos. Su acceso es para los ya convencidos y un segmento urbano con unas características de clase muy concretas. ¿Cómo voy a acceder a internet si tengo la luz de la casa cortada hace dos meses y no tengo tiempo ni ganas ni dinero para ir a un ciber o a la casa de un amigo a informarme? Desde página alguna de la red va a iniciarse una revuelta social, lo máximo que  podrá hacerse es acompañar y jalear la disidencia. No es malo que perdamos la perspectiva de los límites en los que nos movemos.

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