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martes, 24 de junio de 2014

"El papel de las 10 grandes empresas de alimentación y bebidas en el sistema alimentario " extraído del informe de Oxfam




Durante el último siglo, las poderosas empresas de alimentación y
bebidas han disfrutado de un éxito comercial sin precedentes. Sin
embargo, mientras estas empresas han ido prosperando, los
millones de personas que les proveen de la tierra, el agua y el
trabajo necesarios para elaborar sus productos se enfrentan a unas
dificultades cada vez mayores. Ahora, factores como el clima, cada
vez más cambiante, los impactos negativos en las comunidades y
una base de consumidores cada vez más exigente están obligando
a la industria a replantearse su forma de hacer negocios. En este
informe, Oxfam evalúa las políticas sociales y medioambientales de
las diez mayores empresas de alimentación y bebidas del mundo, y
les insta a tomar las medidas necesarias para crear un sistema
alimentario justo.

Resumen; 

En Pakistán, las comunidades rurales afirman que Nestlé embotella y 
vende agua subterránea de muchísimo valor cerca de pueblos que no 
pueden permitirse agua potable.1
 En 2009, Kraft fue acusada de comprar 
carne de vacuno a proveedores brasileños involucrados en la tala de 
árboles en la selva amazónica para que pastara el ganado.2
 Y 
actualmente Coca-Cola se enfrenta a denuncias de trabajo infantil en su 
cadena de suministro en Filipinas.3
 
Por desgracia, este tipo de acusaciones no constituyen un hecho 
excepcional. Durante más de cien años, las empresas de alimentación y 
bebidas más poderosas se han servido de tierras y mano de obra 
baratas para elaborar productos a bajo coste y obtener enormes 
beneficios. Sin embargo, en la mayoría de los casos estos beneficios se 
han generado a expensas del medio ambiente y del bienestar de 
comunidades de todo el mundo, y han contribuido a la crisis del sistema 
alimentario. 
Actualmente, la subsistencia de un tercio de la población mundial 
depende de la agricultura a pequeña escala.4
 Y a pesar de que 
actualmente la agricultura produce comida más que suficiente para 
alimentar a todas las personas, un tercio de los alimentos se 
desperdicia,5
 más de 1.400 millones de personas tienen sobrepeso y 
cada noche cerca de 900 millones de personas se van a la cama con 
hambre. 
Las personas que sufren hambre son, en su mayoría, los pequeños 
agricultores y trabajadores agrícolas, que suministran alimentos a entre 
2.000 y 3.000 millones de personas en todo el mundo.6
 De hecho, 
alrededor de un 60 por ciento de los jornaleros agrícolas vive en la 
pobreza.7
 Al mismo tiempo, el cambio de los patrones climáticos a causa 
de las emisiones de gases de efecto invernadero8
 —de las cuales un 
importante porcentaje proviene de la producción agrícola— están 
haciendo que la agricultura sea una ocupación cada vez más insegura. 
Además de la vulnerabilidad de los agricultores pobres y de los 
trabajadores agrícolas, los precios de los alimentos siguen fluctuando de 
forma descontrolada, mientras que la demanda de soja, maíz y azúcar 
para nutrir a los países ricos va en aumento. Y, por si fuera poco, los 
verdaderos pilares del sistema alimentario mundial —las tierras fértiles, 
el agua potable y unas condiciones meteorológicas previsibles— se 
están convirtiendo en recursos cada vez más escasos. 
Todo esto no es un secreto; las empresas también son conscientes de 
que la agricultura es un negocio cada vez menos seguro, por lo que 
están tomando medidas tanto para garantizar el suministro futuro de 
productos básicos como para reducir los riesgos sociales y 
medioambientales a lo largo de sus cadenas de suministro. 
Actualmente, las empresas de alimentación y bebidas manifiestan su 
oposición a los biocombustibles,9
 construyen escuelas para las  3
comunidades en las que operan y reducen el uso de agua en sus 
actividades empresariales. Los nuevos programas de responsabilidad 
social de las empresas se multiplican, y las declaraciones de 
sostenibilidad están cada vez más presentes. De hecho, la directora 
ejecutiva de PepsiCo, Indra Nooyi, señaló en 2011 que "elaborar 
productos que estén buenos no es suficiente. PepsiCo tiene que ser 
también una 'buena empresa', y tiene que aspirar a unos valores que 
estén por encima del día a día del negocio de producir y vender 
refrescos y aperitivos".10
 
Sin embargo, hasta el momento ha sido extremadamente difícil verificar 
si las empresas han materializado en la práctica su compromiso de 
mejorar su comportamiento social y medioambiental, a pesar de que los 
consumidores cada vez están más interesados en saber la verdad sobre 
esas declaraciones. 
Ahora, la campaña de Oxfam Tras la marca evalúa y compara las 
políticas desarrolladas por diferentes empresas, y trata de fomentar que 
compitan por alcanzar el mejor desempeño social y medioambiental. La 
campaña, que se centra en determinados aspectos de la cadena de 
suministro que son susceptibles de mejora de la cadena de suministro, 
identifica las deficiencias de las políticas y trabaja en colaboración para 
arrojar luz sobre las prácticas de estas empresas. 
Tras la marca forma parte de la campaña CRECE, cuyo objetivo es 
construir un sistema alimentario mejor, que alimente de manera 
sostenible a una población creciente (que se calcula alcanzará los nueve 
mil millones de personas en 2050) y que fortalezca a las personas que 
viven en la pobreza para que puedan ganarse la vida, alimentar a sus 
familias y progresar. 
La campaña Tras la Marca tiene como objetivo incrementar la transparencia 
y la rendición de cuentas de 10 de las empresas de alimentación y bebidas 
más poderosas del mundo (las 10 Grandes) —Associated British Foods 
(ABF), Coca-Cola, Danone, General Mills, Kellogg, Mars, Mondelez 
International (antes conocida como Kraft Foods), Nestlé, PepsiCo y 
Unilever en relación a su cadena de suministro. 
La calificación de cada una de las empresas constituye el núcleo de la 
campaña. Esta tabla de puntuación examina y califica las políticas de las 
empresas en siete ámbitos que, a pesar de ser clave para la producción 
agrícola, el sector alimentario y de bebidas ha ignorado históricamente: 
las mujeres, los pequeños agricultores, los trabajadores agrícolas, 
el agua, la tierra, el cambio climático y la transparencia. 
Según este sistema de calificación, actualmente el desempeño de 
Nestlé y Unilever es mejor que el de las demás empresas, debido a que 
han desarrollado y publicado una mayor cantidad de políticas dirigidas a 
abordar los riesgos sociales y medioambientales de sus cadenas de 
suministro. En el extremo opuesto de la clasificación se encuentran ABF 
y Kellogg, que apenas tienen políticas concebidas para abordar las 
repercusiones que sus actividades tienen sobre los productores y las 
comunidades. 4 
No obstante, esta clasificación muestra claramente que las 10 Grandes, 
incluidas las mejor calificadas, no han utilizado el enorme poder del que 
disponen para ayudar a crear un sistema alimentario más justo. De 
hecho, en algunos casos estas empresas debilitan la seguridad 
alimentaria y reducen las oportunidades económicas de las personas 
más pobres del mundo, empeorando así la situación de aquéllos que 
pasan hambre. 
Tras la marca revela que por lo general, los programas de 
responsabilidad social y de sostenibilidad que han llevado a cabo las 
empresas hasta ahora han sido diseñados específicamente para, por 
ejemplo, reducir el uso del agua o formar a las mujeres agricultoras. Sin 
embargo, estos programas no abordan las causas principales del 
hambre y de la pobreza, porque las empresas no tienen políticas 
adecuadas que guíen las actividades de sus cadenas de suministro. 
Algunas de las principales deficiencias de las políticas de las empresas son: 
• Las empresas no son suficientemente transparentes en relación 
a sus cadenas de suministro agrícola, lo cual dificulta comprobar 
la veracidad de sus declaraciones en cuanto a su 
"sostenibilidad" y la "responsabilidad social"; 
• Ninguna de las 10 Grandes dispone de políticas adecuadas para 
proteger a las comunidades locales del acaparamiento de tierras 
y de agua a lo largo de sus cadenas de suministro; 
• Las empresas no toman suficientes medidas para frenar las 
enormes emisiones de gases de efecto invernadero por parte del 
sector agrícola; dichas emisiones han provocado cambios en el 
clima, que ahora están teniendo consecuencias negativas para 
los agricultores; 
• La mayoría de las empresas no ofrece a los pequeños 
agricultores igualdad de acceso a sus cadenas de suministro, y 
ninguna de ellas se ha comprometido a garantizar que reciben un 
precio justo por sus productos; 
• Muy pocas de estas empresas han tomado alguna medida para 
abordar la explotación de las pequeñas agricultoras y de las 
trabajadoras agrícolas en sus cadenas de suministro. 
Aunque las 10 grandes empresas de alimentación y bebidas consideran 
que están limitadas por las exigencias fiscales y las de los consumidores, lo 
cierto es que tienen el poder necesario para abordar el hambre y la pobreza 
en sus cadenas de suministro. Algunas medidas, como el pago de salarios 
adecuados a los trabajadores y de precios justos a los pequeños 
agricultores, o la evaluación y la eliminación de la explotación injusta de la 
tierra, el agua y la mano de obra, están indudablemente al alcance de 
estas empresas, que son enormemente poderosas. La campaña de Oxfam 
Tras la marca insta a las 10 Grandes a que se replanteen su actual modelo 
de negocio, e inicien una competencia sana con el objetivo de garantizar un 
sistema alimentario más sostenible y justo para todos. 
Por Oxfam

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