¿Quieres comprar los libros de Luis Celaá?

Libros de Luis
Pon tu la dedicatoria

Registro en Safe Creative

Safe Creative #1501290156808 329cbb4b-18b8-3553-86d7-4d84d252b798

Traductor / Translate

miércoles, 25 de junio de 2014

Expulsión de los mendigos

Un mendigo en una calle nórdica
Un mendigo en una calle nórdica
Noruega es el país más rico de Europa en renta y en bienestar. Se separó de Suecia en 1905, no forma parte de la Unión Europea, pero sí de la Alianza Atlántica. Sus reservas energéticas le permiten gestionar una economía sin crisis a la vista. Son unos cinco millones de habitantes que se sienten europeos y occidentales.
El Gobierno conservador de la señora Erne Solberg ha acordado prohibir la presencia de mendigos en las calles. La coalición de gobierno se sostiene por el Partido del Progreso, una fuerza de corte xenófobo que ha conseguido que esta decisión entre en vigor el próximo primero de julio. Las penas para un mendigo que no se aparte de la vía pública pueden ser una multa o, en algunos supuestos, hasta tres meses de cárcel. En la exposición de motivos de esta ley se indica que en un solo día se detectaron en Oslo 194 mendigos.
En la práctica, se trata de cerrar el paso a los inmigrantes de Europa oriental, muchos de ellos de Rumanía, que son de etnia gitana. Esta música de fondo en contra de los inmigrantes ha penetrado en el discurso político de muchos países europeos. Los resultados de las elecciones europeas del 25 de mayo en Inglaterra y Francia indican hasta qué punto la xenofobia, revestida de sentimiento patriótico, ha llegado a penetrar en el electorado de países en los que el desprecio al otro no se traducía en las urnas.
Sin ir más lejos, nos enteramos esta semana de que el Partido Popular de la ciudad de Tarragona ha pedido un censo de mendigos para expulsarlos de la ciudad. Los vecinos, dice el comunicado oficial del PP, “no tienen por qué impedir entrar en un cajero o en los comercios, o ser molestados en plena calle”. Así de claro.
Se acercan las elecciones municipales y es muy probable que la inmigración sea uno de los ejes principales de la campaña. Cada semana observamos cómo cientos de subsaharianos intentan atravesar las alambradas de Melilla para entrar en zona europea. Se juegan la vida para llegar a una Europa que los encerrará en centros especiales y, si no mueren por el camino, lo más normal es que sean devueltos a sus países de origen si se consigue averiguar su procedencia.
Las escenas de esos viajes hacia la incertidumbre y la exclusión se repiten constantemente en el sur de Italia y en Grecia. En la larga frontera entre Estados Unidos y México se levantan muchos kilómetros de muros. También entre Israel y Palestina. Se calcula que unos 200 millones de personas van con la mochila a cuestas en busca de lugares de acogida y huyendo de la persecución, el hambre y la miseria.
No es una crisis local sino global. El papa Francisco lo decía en una entrevista a la agencia EFE hace poco: “Descartamos toda una generación por mantener un sistema económico que ya no se aguanta”. Pero pocos lo admiten. Y los perjudicados son cada vez más, presagiando nuevas e inesperadas crisis.

No hay comentarios: