¿Quieres comprar los libros de Luis Celaá?

Libros de Luis
Pon tu la dedicatoria

Registro en Safe Creative

Safe Creative #1501290156808 329cbb4b-18b8-3553-86d7-4d84d252b798

Traductor / Translate

miércoles, 2 de julio de 2014

Fragmento de la obra "Hojas Sueltas"



El patio interior, mi patio, refulge como una sábana tendida. Su cal
nunca se abre a las sirenas de las ambulancias. Mi patio suena a ruido de
tortilla, a improperio, a chillido de madre enojada, a canción de travestido
pero, aunque esté en el centro de la ciudad, nunca gime como la calle. Por
las tardes mi patio está manchado de sangre y he querido pintarlo pero su
brillo, ese brillo que traslada los sueños, dura poco, dura mientras el sol lo
ilumina en su breve trayecto.
Alfredo, el colega que vive y trabaja en los sótanos, sí lo ha pintado pero no
ha robado su encanto. Ha pintado sus macetas, el carmín de los geranios,
sus cremas pero no ha captado la ambiciosa quietud de mi patio. o se lo he
dicho porque Alfredo es muy sensible. La verdad es que si no fuera tan
terco podría triunfar o, al menos, procurarse una vida holgada con la
pintura pero insiste en su caos. o desea abandonar la infeliz búsqueda del
artista; Alfredo es el último bohemio de la ciudad fabril, su existencia sólo
tiene sentido sobre un camino que intuye quimérico. Alfredo no desea lo
fácil. Si aceptara lo asequible se daría de frente con la vulgaridad y para él
lo que está hecho no tiene interés.
Cuando me llama desde el portalón sé que quiere mostrarme su último
hallazgo, pero siempre veo la misma pintura, la de ayer, la que haría si
viviera tres veces. A Alfredo le impulsa la búsqueda. Reivindica el derecho
a sentirse nuevo, necesita rebozarse en la quimera de crear. Mi trabajo
tiene otra excusa, sólo sobrevivir, no morir por inanición. Alfredo pinta
“Estructuras ingrávidas en gris” “Dólmenes y espirales en cadencia
continua”, cuadros de gran formato que, concebidos “a la cazalla” son

acabados entre calambres de bíceps. Pinta superficies monocordes
encerradas en tablillas negras que hacen las veces de marco. Yo le digo que
hace “almas en pena” y él me contesta que su alma es así. Cuando tiene
hambre, entonces hace obras “de trueque”. Elabora fachadas viejas
copiadas del natural; marinas imaginadas (porque nunca ha estado en el
mar) bodegones que devoraría si los tuviera. Su especialidad son las viñas
otoñales y dice que viaja a los pueblos para encontrar paisajes pero sé que
va a comprar vino porque rara vez lo veo sin los ojos opacos. En su taller
reserva el mismo espacio para la cama que para la bodega. En una gran
esquina descansa el tinto embotellado y lo guarda en tanta abundancia que
cuando descorcha las botellas de la última fila las de la primera son de
“peleón”. Con ayuda del anís, con el orujo y con el tinto Alfredo consigue
levantarse todos los días para lavar la amargura que supone el “tampoco se
venderá”. Con el anís, con el orujo y con el vino Alfredo lava la aflicción que
produce observar la orilla cada vez más lejana. Cuando hablamos de Joyce
(jamás pudo terminar Ulises) juntamos vaso tras vaso y si le contradigo su
nariz adquiere el tono que antecede a la blasfemia. Sus venillas enrojecen,
traga con ruido y enciende otro cigarrillo. Sé que está a punto de estallar,
no tolera que cuestionen su estructura vital, pero me respeta, sabe que si me
cabreo tendrá que hablar con el aire...
Es hábil. Antes de llegar a la pelea corta el diálogo sacando un lienzo
desahuciado. Lo coloca en vertical, se aleja, arquea las cejas y me
pregunta...

No hay comentarios: