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jueves, 18 de septiembre de 2014

Semana de la movilidad: un evento decorativo


La Semana de la Movilidad, convocada por la Comisión Europea, comienza mañana en 1.725 ciudades –450 de ellas españolas– con el objetivo de reivindicar los métodos de transporte sostenible y de bajo impacto. Nada más lejos de lo que sucede en la mayor parte del Estado español, donde los fondos para la movilidad sostenible se destinan a incentivar la compra de automóviles, los niveles de contaminación superan límites legales y los servicios de transporte público se encarecen y empeoran. Ecologistas en Acción reclama un cambio de rumbo drástico, a la vista de que la movilidad sostenible es buena para la salud, para el medio ambiente y también para la economía.
"Una calle mejor es tu elección" es el lema con el que promociona esta semana el Ministerio de Medio Ambiente. Pero el transporte en las ciudades españolas tiene poco que ver con elecciones personales y mucho con políticas públicas, subraya Ecologistas en Acción. La eficiencia de los sistemas de movilidad urbanos pasa por aplicar medidas que disuadan del uso del automóvil y faciliten el uso del transporte público y los modos no motorizados, como la bicicleta.
Las políticas de movilidad sostenible a nivel estatal, con escasas excepciones, distan mucho de las de otras ciudades europeas, especialmente del centro y del norte del continente. Y lo peor es que la crisis económica ha supuesto un retroceso en la implementación de estas medidas, con la mayor parte de los planes de movilidad aprobados sin ponerse en marcha por la falta de inversión pública. Las tarifas de transporte público aumentan y el servicio empeora, los planes peatonales o de incentivo de la bicicleta se aplazan, y otras medidas positivas, como la reducción de velocidad o restricciones de acceso de coches, se revocan. El Gobierno central ha optado además por destinar todos los fondos de que disponía para incentivar la elaboración de planes de movilidad urbana sostenible en municipios (PMUS), al plan PIVE para el fomento de la compra de automóviles. Es una clara declaración de intenciones.
Resulta paradójico si se tiene en cuenta que la mejora de los sistemas de movilidad sostenibles tiene impactos sociales y ambientales beneficiosos y también efectos económicos positivos. Se gastaría menos en recursos energéticos, como el petróleo. Lo demuestran los datos: en 2013 se consumieron a nivel estatal más de 25 millones de toneladas de combustibles de automoción, lo que supuso un coste superior a los 40.000 millones de euros.
Mejorando la eficiencia de los desplazamientos urbanos –lo que pasa por reducir el uso del medio de transporte más ineficiente de todos, el automóvil– se ahorrarían importantes recursos económicos. Y se ahorraría también en inversiones en construcción y mantenimiento de infraestructuras que posibilitan los actuales ratios de tráfico motorizado.
El excesivo uso del automóvil interfiere además negativamente en el resto de medios, disuadiendo a los no motorizados y haciendo económicamente inviable al transporte público. Los estudios de la Unión Internacional del Transporte Público demuestran que el coste total por desplazarse en una ciudad es directamente proporcional al porcentaje de desplazamientos que se realizan en automóvil: resulta más caro cuantos más coches circulen.
Ecologistas en Acción programará actividades en los próximos días para exigir a las autoridades que apuesten por la movilidad sostenible como una de las estrategias prioritarias para la adaptación de nuestras ciudades al contexto actual de crisis.

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