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miércoles, 25 de mayo de 2016

Otra teoría evolutiva: La teoría del Simio Acuático.



La evolución humana es el proceso de evolución biológica de la especie humana desde sus ancestros hasta el estado actual, y en  el estudio de éste proceso  intervienen muchas disciplinas científicas, que van la biología y genética hasta la lingüística y la antropología.
El punto de vista mayoritariamente aceptado por la comunidad científica, de la evolución humana, es que los primeros homínidos evolucionaron en las sabanas africanas hacia lo que es el ser humano actual adaptándose al ambiente selvático o semiselvático.
 Pero otra corriente minoritaria propone otro tipo de evolución, por la cual el ser humano, antes de llegar a su estado actual pasó por una etapa acuática o semiacuática. Es lo que se conoce como la Teoría del Simio acuático.
Ésta teoría fue sugerida inicialmente por Max Westenhofer en el año 1942, sin embargo, ésta fue dada más a conocer en 1960, por el biólogo marino Sir Alister Hardy (1896-1985), cuando aún no existía toda la información recopilada actualmente sobre la evolución humana; la cual llevaría a postular su origen selvático. Posteriormente, la escritora feminista Elaine Morgan reviviría la hipótesis de una forma considerada actualmente pseudocientífica; al desarrollar y promocionar la hipótesis en su primer libro sobre el tema, The Descent of Woman (La Descendencia de la Mujer), en 1972. Y continuar con ésta línea en sus escritos posteriores: The Aquatic Ape (El Simio Acuático) en 1982, The Scars of Evolution (Las Cicatrices de la Evolución) en 1990, y The Aquatic Ape Hypothesis (La Hipótesis del Simio Acuático) en 1997.

Básicamente la teoría propone los siguientes argumentos principales:
  • Desnudez: De entre los primates, los humanos somos la única especie en la cual el pelo corporal no cubre la casi totalidad del cuerpo, comparándonos de esa forma con otros mamíferos “desnudos”, los cuales viven en ambientes acuáticos o subterráneos: ballenas, delfines, morsas… ; o viven muy cerca del agua: elefantes, hipopótamos. Además sostiene que el pelo de la cabeza se mantendría largo con el fin de que las crías humanas pudieran agarrarse mientras el adulto nada.
  • Bipedismo: Los humanos somos los únicos mamíferos bípedos existentes. El hecho de que el andar sobre nuestras dos piernas acarreen problemas musculares, de espalda, problemas en el parto… refuerza la idea de los partidarios de la hipótesis del simio acuático, ya que defienden que en el agua el cuerpo se sostiene verticalmente de forma natural, no así en la sabana que hay que “obligar” al cuerpo a erguirse.
  • Respiración: La especie humana es la única entre los mamíferos terrestres con la capacidad de controlar voluntariamene la respiración, similar a los mamíferos acuáticos, lo que, además de permitirnos nadar bajo el agua, según Elaine Morgan, es lo que permite la aparición y desarrollo del lenguaje.
  • Grasa: Los humanos tenemos diez veces más grasa corporal que la que es normal para un animal terrestre de nuestro tamaño. Mientras que los mamíferos terrestres que hibernan poseen una capa de grasa estacional, los humanos, como los mamíferos acuáticos, retenemos nuestra grasa durante todo el año.
  • Las lágrimas y la sudoración excesiva: estos procesos biológicos son consideradas como evidencia clara en favor de la hipótesis.
  • Los proponentes de la hipótesis también mencionan la porción de piel entre el dedo pulgar y el índice humanos, la cual parece no tener valor aparente en tierra, sí en el mar, entendiendo que serían restos de membranas acuáticas.
  • Partos acuáticos: El agua no entraña problemas para el bebé, y la madre sufre menos dentro del agua. El parto además es más rápido. No se sabe bien por qué pasa esto, pero esta característica humana podría ser una herencia de un simio que pasara parte del tiempo en el agua.
  • Facilidad para la natación: Esta teoría, dicen sus defensores, explica la razón de que nos movamos tan fácilmente en el agua -aun incluso en los primeros meses de vida-, mientras que nuestros más próximos parientes, los chimpancés, lo hacen torpemente, ahogándose al poco tiempo.
Todos éstos  puntos obviamente han sido rebatidos por la disciplina científica:
  • Desnudez: El pelo humano es drásticamente diferente del de todsimios 2as las especies acuáticas. La correlación entre “desnudez” y ambiente acuático es débil: muchos mamíferos acuáticos conservan una buena capa de pelo (nutrias, focas, castores, etc.). La reducción del pelo en los humanos, pueden explicarse debido a la necesidad de nuestros ancestros de caminar largas distancias sin detenerse, evitándose así el sobrecalentamiento del cuerpo; y las diferencias entre machos y hembras, pueden explicarse por selección sexual.
  • Bipedismo: Ningún mamífero acuático es bípedo. Los animales que son temporalmente bípedos (como los canguros y algunos primates) utilizan su posición vertical para la locomoción, alimentación y vigilancia, todos los cuales son comportamientos útiles para la vida terrestre. Más aún, para erigirse en aguas poco profundas, es útil el poseer la mitad inferior de las piernas sustancialmente más larga que la parte superior, como sucede comúnmente en las aves vadeadoras. Las piernas humanas no concuerdan con este patrón. Por otra parte, el sostén del agua no parece necesario para que evolucione el bipedismo en un primate. Los bonobos, totalmente terrestres, utilizan el bipedismo para desplazarse de vez en cuando. Aunque carecen de las adaptaciones de la cadera, la columna y las piernas que surgieron en los australopitecinos (animales terrestres, por cierto), éstas pudieron surgir gradualmente a la vez que los animales adoptaban esta forma de locomoción con mayor frecuencia y caminaban mayores distancias.
  • Respiración: La habilidad para moderar la respiración, aunque a un menor grado de control, está presente en muchos otros animales, incluyendo otros simios y los perros. El reflejo de zambullida está presente en otros mamíferos también. Igualmente destaca la poca capacidad respiratoria de humanos y otros simios frente a todos los mamíferos acuáticos.
  • El tamaño del cerebro: Este aspecto está bien explicado en la teoría del origen terrestre. El cerebro de los ancestros del ser humano habría adquirido los nutrientes que favorecerían el mayor crecimiento del cerebro, primeramente al consumir carne (muy probablemente como carroñero), y posteriormente los habrían adquirido pescando y/o cazando otro tipo de animales; sin que sea necesario haber sido nuestros ancestros acuáticos para que haya sucedido este proceso. Igualmente cabe destacar que el chimpancé en inteligencia son muy similares a las del delfín, y debido a que la gran mayoría de los animales marinos no presentan una inteligencia desarrollada como la del chimpancé o el delfín; este hecho indica que aunque la dieta acuática favorece la aportación de nutrientes necesarios para el desarrollo del cerebro no implica que influya total y directamente en la evolución cerebral.
  • Por último, los fósiles que se han descubierto en los últimos años sólo corroboran el origen terrestre. 

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